Horacio Royo Rospir

Horacio Royo Rospir

Portavoz de urbanismo

Nací en 1977 en el barrio de San José de Zaragoza. Hijo de unos padres tan  apasionados por la política y la literatura que su afición no solo acabó determinando buena parte de lo que soy sino que condicionó hasta mi propio  nombre, convertido en su pequeño homenaje a Rayuela.

Mi infancia transcurrió, en esa España de cambios intensos, entre los barrios de San José y Las Fuentes, marcada por las clases en dos centros docentes, el colegio Miraflores y el instituto Miguel Servet, que constituyen una referencia magnífica de la escuela pública aragonesa y donde forjé las que hoy siguen siendo mis mejores amistades, auténticos testigos de mi vida.

La Universidad de Zaragoza, donde en 1995 comencé mis estudios de Derecho, y la implicación política llegaron de la mano, y aportaron compromiso a una visión del mundo que consolidó la necesidad de no volver la espalda al vulnerable y de favorecer la justicia social.

Las dos pasiones encajaron en una simbiosis perfecta. Un mes antes de cumplir 19 años, y de que Felipe González perdiese las elecciones, me afilié al PSOE, donde la militancia es un acicate diario, donde los reveses nos llenan de determinación para ser mejores, y donde los que nos precedieron han dejado una huella de humanismo indeleble  que nos obliga en nuestras acciones diarias. Y así lo he intentado hacer cuando he tenido responsabilidades en la ejecutiva provincial del PSOE (1998) o ahora, como Secretario General del PSOE -El Rabal.

A ese caudal de experiencias se sumaron las procedentes de 10 años de ejercicio profesional, que, no solo me hicieron perfeccionar los conocimientos de las leyes sino que me aportaron unas buenas dosis de disciplina, de rigor, y de saber escuchar, una práctica que se ha revelado fundamental para poder comprender a los demás, para completar la visión de las cosas y para evitar los prejuicios que siempre amenazan con salir al paso.

Las dos pasiones siguieron caminando juntas y me llevaron al Parlamento Europeo, un buen entrenamiento para comprender que la política es el mejor instrumento para cambiar el mundo, la herramienta perfecta para conseguir una sociedad más justa y para poner en sintonía nuestros derechos y nuestras obligaciones como ciudadanos.

Y esa convicción se ha hecho más rotunda en estos últimos cuatro años como coordinador del Grupo Municipal Socialista, donde la tercera pasión en liza, que es la que siento por Zaragoza, me ha llevado a conocer la ciudad en profundidad, a defender el trabajo desde las instituciones y a comprender que la ciudad y  sus vecinos exigen de los políticos y de las instituciones además de trabajo y honestidad, una rara alquimia que permita hacer realidad los sueños colectivos, y convertir a Zaragoza en una ciudad competitiva, volver a llenarla de oportunidades, de convivencia y de calidad de vida.

Estas tres pasiones se sustentan en una cuarta, de apenas 11 años, que tras sus ojos negros exige un futuro mejor.